“Máximo, te aclaman a ti: el General que se convirtió en
esclavo, el esclavo que pasó a ser gladiador, el gladiador que desafió a un
Imperio. Una historia asombrosa. Ahora el pueblo quiere saber cómo acaba la
historia. Sólo se conformará con una muerte memorable…”
NOW I AM BECOME SPOILER, THE DESTROYER OF FILMS.
No he
ocultado nunca mi predilección por Ridley Scott, un hombre que, a pesar de
estar en mi top 5 de directores favoritos, y a pesar de que me gusta Prometheus (algún día tendré que
defenderla en una crítica, aunque no haga falta, puesto que Roger Ebert y Doug
Walker ya lo han hecho), creo que empieza a chochear. Sus películas en el nuevo
milenio o me gustan (Black Hawk derribado,
Un buen año, American Ganster y recuerdo que Los
impostores me moló bastante cuando la vi hace muchos años) o me parecen
decentes sin más (El reino de los cielos,
Robin Hood), y tengo muchas ganas a
algún nuevo proyectos (como la rumoreada Halo:
Nightfall), pero… ¿Exodus? Huele
a mierda a kilómetros. ¿Prometheus 2?
Después de lo que quieres hacer con ella, ni lo sueños. ¿Blade Runner 2? VETE AL INFIERNO.
Gustándome
o no, está claro que no es el cine reciente de Scott el que le ha convertido en
un gran director, sino que su cenit le llegó en los mismos años en que
triunfaba la trilogía original de Star Wars: entre el ’77 (Los duelistas), y el ’82 (Blade
Runnner, su obra que se come a todas las demás), con el parón de la para mí
honrosa segunda mejor película de este hombre, Alien: el octavo pasajero, en 1979. Luego, vinieron algunos años de
hacer cintas más o menos buenas, pero que quedaron cuasi olvidadas con el siguiente
gran bombazo de Scott, ya en el 2000: Gladiator.
Cabe
decir, en primer lugar, que se le atribuye erróneamente a esta cinta el
resucitar un género épico que en realidad ya llevaba unos años de buen hacer,
más o menos desde cintas como Leyendas de
pasión, de Zwick y, sobre todo, Braveheart.
Lo que sí resucita la cinta de Scott, y de manera magistral, es el péplum de
temática romana, de donde bebe a rabiar (sobre todo, como resulta más que
obvio, del trabajo de Kubrick en Espartaco),
abriendo la veda para toda una serie de superproducciones épicas, alguna de las
cuales incluso también suyas.
Pero
vayamos al grano. La cinta nos sitúa en una época en la que poner fechas está
de más, donde el Imperio romano es así como muy chachi pistachi, Marco Aurelio
se dedica a conquistar y muere después de intentar ser menos troll de lo que
fue en realidad. Básicamente, tiene un hijo que es un hideputa, y en lugar de
convertirle a él en emperador, quiere que el poder pase a manos del queridísimo
por todos general Máximo (el Marco Aurelio de la vida real era poquito más
cabroncete). Y pasa lo que pasa.
A
partir de entonces, la trama se centra en Máximo (Russell Crowe), que como es
hispano va por ahí diciendo su cognomen antes que su praenomen y nomen, y que
después de que asesinen a su hijo y su mujer (que parece ser emeritaugustana,
pero es más andaluza que Lola Flores), se dedica a hablar con muertos, ser
esclavo, gladiador, jurar venganza en esta vida o en la próxima, y querer matar
fuertemente al usurpador Cómodo (Joaquin Phoenix), un tipo que va por ahí
poniendo cara de tener una enfermedad venérea muy contagiosa, o ébola, riéndose
en la puta faz del Senado, dando abrazos mortales a la peña y acosando mucho a
su hermana, Lucila (Connie Nielsen), una bella dama cuyo mayor interés es que
su hijo Lucio esté a salvo, y que por ello se dedica a conspirar contra el
mayor psicópata homicida de Roma tanto como puede.
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Esto es lo que opina Joaquin Phoenix del mundo en general. |
Yo
tampoco lo entiendo. Pero el párrafo anterior mola, porque no he utilizado ni
un solo punto.
El
caso es que no son los únicos personajes, ni por asomo. La cinta abunda en caras
más o menos famosas, más o menos surcadas por cicatrices, barbas asín como
seductoras y gente con pelucas un tanto travestidas a lo Nerón (David Hemmings
es un tipo asín, de cejas peculiares). Por una parte, tenemos a Marco Aurelio,
que como es Richard Harris y tenía que hacer de Dumbledore, pues muere pronto.
Y a Próximo, que es Oliver Reed, y como el pobre murió mientras rodaban, le
dedican la peli, donde también muere de manera muy chunga (a joderse, spoiler).
Y luego está un tipo que fue Mr. Universo y hace de gladiador alemán ciclao. Y
Djmon Hounsou, que antes cazaba gacelas cuando se aburría, pero ahora se
regodea en que va a vivir más que Máximo.
El
plantel lo cierran Lucio Vero, un chaval que alimenta los instintos asesinos de
su tío así por la cara; Tommy Flanagan, que mola mucho porque se parece a
Severus Snape; y Derek Jacobi, que no es Claudio, pero va por ahí haciendo
cosas de senador. Y mogollón de esclavos sin rostro que van muriendo en la
arena. También hay pétalos de rosas en lechos, y escarceos sexuales extraños
con estatuas. Un poco Tommy Wiseau la cosa, si lo piensas.
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A mí no me la coláis, aquí hay rollo sexual raro fijo. |
La
trama, básicamente, es lo que todos los péplum ofrecen: una cinta de aventuras
de corte histórico que tiene que ver con la historia menos que el Incidente de
Roswell. Como todo lo del género, vaya, pues esta debe ser la película más
inexacta desde El león de Esparta;
sin embargo, donde aquella lo que se pasaba por el forro era la ambientación,
esta lo hace con la historia. Y es un problema, porque en lo que viene siendo
ambientación (y si no contamos el papel impreso, los vaqueros, relojes de
pulsera, bombonas de oxígeno y demás… al menos no están los tipos jugando al
ajedrez de Quo Vadis?), pues la
película mola fuerte, lo que puede llevar a pensar a alguien que tenga poca
idea que es exacta históricamente hablando.
Algo
que, por cierto, Ridley Scott se acuerda de desmentir al final de los créditos
donde viene a decir que se ha pasado por el forro de sus cojones morenos toda
verosimilitud histórica, y que si ha acertado en algo es mera coincidencia. Por
si no se notara, vaya.
No
importa mucho, la verdad. No se espera una producción con exactitud histórica.
Lo que se pretende es crear un relato épico sobre la venganza, ver unas cuantas
hostias a la romana y sensualidad asín antigua. Y salvo en el último aspecto,
la película es de matrícula.
Todo
se debe a cuatro cosas: una dirección firme (le valió a Scott su tercera
nominación a los Oscar, y la más merecida de todas); unas grandes actuaciones
(Crowe se llevó aquí el Oscar que se tenía que haber llevado al año siguiente
por Una mente maravillosa, y aún
seguimos indignados todos porque Phoenix no lo lograra ni aquí ni en En la cuerda floja) no solo por parte de
los actores principales, sino del reparto de ensueño que tiene la cinta; un
apartado audiovisual increíble (las recreaciones de Roma y el Coliseo son
geniales, y la música de Zimmer, aunque es básicamente la que hará en Piratas del caribe, me sigue pareciendo
la mejor banda sonora del compositor, o casi); y sobre todo, un guión con unos
de los diálogos más citables de la historia del cine. Más que The Room. De verdad. Cuando tengo que
elegir una frase para cabecera de reseña, habitualmente o no tengo que decidir,
o dudo entre dos o tres. Para las reseñas de Gladiator (no es esta la primera que hago) siempre tengo al menos una
docena de frases entre las que elegir.
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¿Quién tiene un Oscar, señor DiCaprio? ¡Yo tengo un puto Oscar, mamón! |
Oh,
las peleas son la hostia. Y el final es muy memorable. Además, 300 fusiló muchísimas cosas de ella, y
eso suele ser buena señal, creo.
Y
básicamente, todo eso es lo que hace que esta sea la tercera mejor película que
Ridley Scott hiciera en su carrera.
Allez-y,
mes ami!
Buenos
días, y buena suerte.
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LO
MEJOR: las actuaciones son muy grandes, y el reparto uno de los mejores que se
hayan reunido (porque no solo es bueno, sino que está muy bien dirigido). La
música es inmensa. Es épica y espectacular hasta decir basta. La historia está
muy bien llevada, y sabe emocionar. Los diálogos son de matrícula.
LO
PEOR: mantiene una ambientación demasiado cuidada para lo mucho que le importa
tres cojones la historia, algo que resulta un tanto absurdo (hay mil episodios
igual de épicos e interesantes en la historia de Roma… este es una mezcla entre
Espartaco, Cincinato y a saber qué). Aunque las interpretaciones son geniales,
hay algún personaje un tanto bipolar, y en general están demasiado
caricaturizados. Oh, y me toca mucho los cojones que se hable tanto de la
antigua relación entre Máximo y Lucila, para que sobre ese pasado no se nos
cuente absolutamente nada, ni siquiera en la versión extendida.
NOTA:
9,25/10. No le doy más nota porque ya digo que es la tercera mejor película de
Ridley Scott, y tenemos que ser cautos. Si no estuvieran sus hermanas de por
medio estaría en el 9,5 sin dudarlo mucho.
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