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domingo, 21 de febrero de 2016

El renacido (2015)


"Cuando hay una tormenta y estás parado frente a un árbol, jurarías por sus ramas que se va a caer. Pero si ves el tronco, notarás su estabilidad"


Hará cosa de una semana que Adrián y yo vimos lo último de González Iñárritu en todo su esplendor. Y nuestras primeras impresiones fueron encontradas y, por momentos, decepcionantes. Sabíamos que había mucho material de calidad y un gran trabajo detrás del título, pero algo no nos acababa de oler del todo bien. 

Aun con todo, hoy sale a la luz esta crítica, que escribo todavía con una cierta resaca post-visionado y en la que no estoy seguro de poder sacar a la luz las muchas virtudes y defectos de una película que, si bien no deja indiferente, también pierde mucha credibilidad cuando las expectativas son muy elevadas. 


miércoles, 21 de enero de 2015

Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (2014)



“Ya te lo dije. Finjo en cualquier momento y lugar, salvo en el escenario”

No podemos olvidar en ningún momento que el cine, en su origen, nació como un medio más, una extensión de la fotografía, para captar momentos cotidianos de la vida del día a día (y por eso ahí tenemos llegadas de tren a estación y salidas de catedral en los primeros tiempos). Sería con el ahora recuperado para el público general, a Dios gracias, Georges Méliès que el cine se popularizaría con la vestimenta de ficción.

Quizás por eso resulta tan carismático el cine cuando se reconvierte en metacine, y se nutre de manera clara y descarada de la realidad para transformar sus historias. Ya lo hizo hace pocos meses Ari Folman con El congreso que no habréis visto –ojalá me equivoque- porque sois Satán, pero que realizó un esforzadísimo y muy bien concluido ejercicio de ciencia ficción, animación y documental que no podía sino maravillar en cada plano.

Esa intención de maravilla en cada plano es algo que se repite en Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia), una película tan elogiada que ya muchos empiezan a apartarse de ella, asqueados, tildándola de pretenciosa, innecesaria, o aburrida. Al margen de que no sea ninguna de estas cosas (bueno… pretenciosa tal vez un poco, sí), es innegable la capacidad de autocrítica (o más bien de reírse de uno mismo) y crítica que hay en esta particular comedia negra.