jueves, 22 de mayo de 2014

Cuentos de Terramar (2006)



"Ningún hombre, ni nada, vive para siempre. Sólo a nosotros se nos ha permitido saber que tenemos que morir. Y eso es un regalo que no tiene precio"


Tener a un padre genio puede ser un problema. Tiene que ser duro intentar imitarle y ver que no le llegas ni a la suela del zapato. Y duele. Tiene que doler mucho, digo. Y más cuando Goro Miyazaki no iba a dedicarse, en principio, al cine de animación, qué va. Él quería ser naturalista, biólogo o cualquier cosa que no tuviese que ver con su progenitor. Pero le picó el gusanillo...

Y en 2006, después de un arduo trabajo, de meses enteros sin hablarse con su padre (quien ya le había advertido de su inexperiencia a la hora de dirigir un largometraje y de que no le vendría mal que se le echase un cable) y de cabezonería pura y dura, Goro lanzó su ópera prima al mundo. Y el mundo escupió, y de que manera, en su cara. ¿De forma justificada? Ya os adelanto que sí, y que Cuentos de Terramar bien podría ser (demonios, de hecho, lo es) el trabajo más flojo y pobre de toda la factoría Ghibli. Ay, Goro, Goro...


Para ponernos en el meollo, la historia va sobre un mundo medieval/futurista/distópico/fantasista/mala imitación de toda cosa que se te ocurra donde nuestro protagonista, Arren, mata sin ningún motivo aparente a su padre, rey de una ciudad de cuyo nombre no me acuerdo (porque sólo aparece al principio). Debido a esto, escapa y vaga errante hasta dar con la ayuda de un antiguo mago llamado... Gavilán. Y viven aventuras en las que aparece una chica con una cicatriz llamada Teru, su madre adoptiva Tenar y un malo malísimo con voz de travesti llamado Cob. ¡Ah, y también hay dragones, por cierto! Quiero decir, aparece uno enorme en el póster y apenas tienen un par de escenas en las que no se explica una mierda su inclusión, su rollo o algo. 


Y mirad, siendo honesto y viendo el mundo desde un plano realista... no puedo concebir que esta BAZOFIA tenga el sello de Ghibli en los créditos. Al igual que tampoco entiendo que Pixar sacase a la luz Cars 2. ¡Mamma mía, en qué estaban pensando! Es normal que una película primeriza (y más en la persona del hijo de Hayao, cuya experiencia era nula) tuviese problemas y lagunas en todos los aspectos. De hecho, en obras tempranas de su padre (como El castillo de Caligostro o Nausicaä del Valle del Viento) había ciertas cosas que posteriormente se irían puliendo. Pero aquí, Goro ha ido a lo loco y sin control. Y el resultado ha sido desastroso.

Para empezar, el guion tiene fallos y hace aguas por todas partes. Hay muchas cosas que se dejan en el tintero y que resultan nada comprensibles para aquel que no haya leído el libro original de Úrsula K. Le Guin. Los personajes van de un lado para otro de forma completamente arbitraria y vacía, sin ninguna razón poderosa que determine sus acciones, y el desarrollo es entretenido, pero hueco y carente de emoción. Si bien es cierto que el ritmo es rápido, es la primera vez que una película de Studio Ghibli me ha transmitido lo mismo que esto: 



Y luego tenemos a los personajes, que son tan planos y olvidables como tu contraseña de Tuenti. El más acertado y profundo es, sin duda, el mago Gavilán (¿de dónde rayos sacan los nombres?), aunque hay que reconocer que la voz de Luis Porcar ayuda bastante. Arren es el típico muchacho aventurero que busca su sitio y que vaga perdido por el mundo hasta que sus aventuras le hacen madurar y convertirse en alguien mejor. Salvo que aquí, el chico en cuestión ha ASESINADO a sangre fría a su padre y se olvidan de ese detalle de forma un tanto disimulada. 

Por otra parte, las féminas de la peli (Tenar y Teru) dan más juego y llegan a brillar con algún momento muy bueno (en especial cuando Teru canta una preciosa canción), pero poquito más. Y en cuanto a los malos... son muy malos. Simplemente. Son malos porque son estúpidos, retrasados mentales (en especial el capitán Hare, ¡qué asco de tío!) o simplemente porque tienen que parecer crueles pero quedan como unos gilipollas. El jefe vil y criminal de todo esto, Cob (doblado con voz de mujer para que le temas hasta en tus peores pesadillas) sí que tiene buenas razones para actuar de forma tan cabrónida, pero... ¡adivina! Nunca nos ofrece el mejor contexto, ni el menor sentido, ni nada, para que luzca verdaderamente genial...


Y es que, a decir verdad, el trasfondo temático de la historia (que no os voy a destripar) ofrece unos valores y una moraleja muy valiosa, pero que aquí está utilizada de forma paupérrima y poco aprovechada. Y no me he leído el libro de Le Guin, pero me apuesto lo que tú quieras a que en sí tiene que ser una fantástica aventura si está narrada en condiciones. Baste saber que la autora, en realidad, quería que su obra fuese dirigida por Miyazaki padre, pero al estar este muy ocupado con su última obra en aquel momento (El castillo ambulante), el trabajo recayó en manos de su hijo. Y cuando Úrsula vio la película en una proyección privada, casi le dio un ataque, aunque siendo comedida, sólo pudo acertar a decir: "No es mi libro. Es tu película. Es una buena película". Eso último, por cierto, no se lo cree ni ella.

Entrando en aspectos técnicos, tendría poco de lo que quejarme... si no estuviese ante una película de Studio Ghibli. Por supuesto, hay parajes que lucen muy bien, pero los diseños de los personajes son poco originales y algunos fondos simples y poco detallados. Obras como Porco Rosso o La Princesa Mononoke, con mucha más antigüedad, se la comen en cuando a animación, y eso es un desgraciado detalle. 

La música, por su parte, es correcta con algún que otro momento brillante y el doblaje tiene grandes claroscuros. Es genial escuchar al gran Luis Porcar (para los que no lo sepáis, la voz del carismático Dr. House), y el doblaje del prota y de Teru son francamente buenos, pero los secundarios y, en especial, el malo travestido psicótico de la peli rozan lo flojo e, incluso, lo mediocre. 


En resumen, ¿hay algo bueno que sacarle a Cuentos de Terramar? Pues sin duda la valentía de Goro a la hora de afrontar algo por su cuenta, aún a pesar del resultado, y que las dos horas de película son fáciles de llevar gracias a un ritmo que engancha y a una historia que pica, pero que al final no ofrece casi nada.  ¿Lo positivo de esto? Goro tiene mucho que aprender, y a buen seguro habrá aprendido la lección y la próxima vez sabrá ir subsanando sus errores. Y si deja que su padre le ayude (como ya hizo en La colina de las amapolas, aún sin estrenarse en España), el resultado puede ser francamente bueno. Ánimo, Goro, el apellido Miyazaki no puede caer en saco roto.

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LO MEJOR: algunas escenas puntuales,  un ritmo y una historia que enganchan y buen apartado técnico...

LO PEOR: ...pero que está muy lejos de lo que puede dar Ghibli. Personajes planos y poco aprovechados, terribles agujeros de guion, desarrollo a trompicones, absoluta falta de coherencia y emoción...


NOTA: 5/10. Miyazaki Jr. no comenzó bien su andadura en esto del cine, precisamente, pero todavía está a tiempo de demostrar que Cuentos de Terramar fue un accidente. Y más le vale, porque su apellido pesa.

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