viernes, 3 de agosto de 2012

Eyes Wide Shut (1999)


—Tenemos que hacer algo con urgencia.
—¿El qué?
—Follar


Antes de comenzar con la crítica de hoy, quería comentaros un par de cosas. En primer lugar, habréis visto que hay cambios en el diseño del blog: ahora, en portada, tan solo se ve el comienzo de las entradas, y para verlas completas hay que pinchar en el título o en el botón “Más información” (quería que pusiera “Seguir leyendo”, pero para ello tengo que modificar código fuente de la página… sigo investigando cómo hacerlo). Este cambio, que también hemos hecho en Rockrítico, busca ni más ni menos que una mayor rapidez a la hora de cargar la página, cosa que mucha gente agradecerá (bueno, no nos engañemos, “mucho” es decir algo… Esta mañana me ha dado por revisar estadísticas y desde febrero tenemos la astronómica cifra de 818 visitantes, más o menos lo que conseguimos en Rockrítico cada tres semanas).

Quejas plañideras aparte, también quería comentaros que, si veis últimamente muchas críticas negativas en el blog, no os asustéis, no es que hayamos empezado a odiar el cine; simplemente, estamos conspirando para que todas nuestras malas críticas estén juntas, lo que hará que luego venga otra temporada de buenas críticas. O no. Dicho esto, sin más dilación (no me quiero enrollar más, tengo a Serj Tankian berreándome al oído y ya no sé ni lo que digo), vayamos con el análisis de hoy.

De vez en cuando surge en la historia del cine (o de cualquier otro arte) uno de esos autores que se convierten en legendarios por lo prolífico de su producción, por la calidad de sus obras y por la enorme influencia que tienen en los géneros que tocan. Por el legado, en fin, que dejan a su muerte. Y desde sus primeros años (sobre todo a partir de 1957, con Senderos de gloria), Stanley Kubrick fue uno de esos autores.

Aunque el cineasta neoyorquino tan solo dirigió 13 películas (cosa que tampoco está mal, por otra parte), logró que varias de ellas se convirtieran en clásicos indiscutibles, empezando por Espartaco y siguiendo por otras como 2001: una odisea en el espacio, El resplandor, La naranja mecánica o La chaqueta metálica. Incluso otras obras menos conocidas (como la ya mencionada Senderos de gloria, Lolita, Teléfono rojo: volamos hacia Moscú, El beso del asesino o Barry Lyndon) son auténticas joyas del cine, de visionado obligado. A pesar de su maestría, y de haber sido nominado treces veces a los Óscar, solo logró ganar una estatuilla (a Mejores efectos visuales por 2001); sin embargo, eso no impidió que durante toda su carrera se ganara el aprecio del público y de la crítica, convirtiéndole en una leyenda y uno de los directores más importantes del celuloide.

En 1999 graba la que será su última película (murió antes de su estreno, semanas después de terminar el montaje), y que por tanto quedaría teñida de un halo de leyenda que favoreció su éxito en la taquilla (si bien la crítica fue más tibia a la hora de acogerla). Y a pesar de ello, he de decirlo, Eyes Wide Shut es una película tremendamente sobrevalorada (y de todas las que he visto de Kubrick, la más floja con diferencia).

Inspirada/basada en una novela de Arthur Schnitzler , la historia gira en torno a un matrimonio de clase media-alta neoyorquino (Nicole Kidman y Tom Cruise) que, a pesar de llevar una vida feliz y cómoda, se ven de pronto atacados por los celos y las desconfianzas provocadas por sus respectivas fantasías sexuales. Esa es la base de la historia y, en el fondo, toda la historia, pues después de dos horas y media de película te das cuenta de que no ha pasado absolutamente nada. Después de los primeros minutos el personaje de Kidman desaparece prácticamente por completo, para surgir ya solo en algunas breves escenas y en la imaginación de Cruise, verdadero protagonista de la historia, que a lo largo de una noche se sume en un viaje de placer que no llega a satisfacer, y que solo le trae problemas (que intentará solucionar en la última hora de película).

Reconozco que me esperaba mucho más de la película, que me atrajo desde el primer momento. Una historia de sexo, celos, obsesión, ambientes nocturnos y misteriosos… Todos los que me conocen saben lo mucho que me interesan ese tipo de temas, amén de que el equipo que trabaja en la película es, cuando menos, de talento. Sin embargo, no hay nadie que destaque en la obra. La dirección de Kubrick no es demasiado acertada, a decir verdad; Tom Cruise está soso como él solo, y Kidman, en la media docena de escenas en que abre la boca, habla con una lentitud exasperante (en serio, no creo que llegue a pronunciar más de 10 palabras por minuto), lo que no contribuye precisamente a aligerar el ritmo de una obra de por sí lenta y pesada. Incluso la música, que no es mala, se hace repetitiva a la media hora, en otro gran fallo por parte de los compositores (y, sobre todo, del montaje final).

Sí es cierto que en la película hay escenas interesantes, temas que se tocan quizás con demasiada ligereza y poca exhaustividad. El viaje nocturno de Cruise es realmente fascinante, pero el hecho de que realmente no le pase nada lo convierte en un auténtico coñazo. Lo peor de todo, sin embargo, es el final, impredecible de puro absurdo, que acaba con lo único que ha sabido lograr Kubrik a lo largo de la película; esto es, teñirla de un magistral halo de fatalidad que oprime a los personajes y al espectador, y que al final se queda en nada merced a una última escena que almibara lo único que podía haber salvado la cinta.

En general, tiene aspectos interesantes (faltaría más), pero es una obra muy pobre para cerrar el último capítulo de un director admirable, y que en nada le hace justicia a su legado. Desde luego, la peor película que haya visto de Kubrick, con muchísima diferencia. Muy decepcionante.

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

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LO MEJOR: la escena en la que Tom Cruise se cuela en una reunión sectaria de enmascarados en una mansión a las afueras es genial. El ambiente que se logra en ese momento (ahí la música sí que está genial) es fabuloso.

LO PEOR: el final. Es sencillamente horrible. Y la exasperante lentitud a la que habla Nicole Kidman en todas sus intervenciones.

NOTA: 6/10. Prescindible, a no ser que seas fan de Kubrick. Y si no le doy menos puntos es por respeto a su memoria, y porque siempre ha sido uno de mis directores favoritos (de hecho, salvo Ridley Scott y Arronofsky,, no hay ninguno a quien admire más que a él).

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Tráiler en español

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