viernes, 13 de abril de 2012

El hombre que mató a Liberty Valance (1962)



Hablar de John Ford es hablar del western americano por excelencia. Y es que el director estadounidense de La diligencia se preocupó durante toda su carrera por cultivar un estilo propio y característico que le encumbró como el mayor maestro del género (bueno, tenemos también a Sergio Leone, pero él ya con un spaghetti western más “moderno”), y uno de los mejores directores de su tiempo. Y aunque fue La diligencia la película con la que logró su mayor éxito, El hombre que mató a Liberty Valance es sin duda una de las cintas más impactantes que dirigió en su vida.

Se abre la película con la llegada del senador Ransom Stoddard (interpretado de forma magistral por James Stewart) a la ciudad de Shinbone, donde un reportero y el jefe del periódico local descubren que el senador ha visitado el lugar para asistir al entierro de un viejo amigo, Tom Doniphon. Presionado por el director del periódico, que alude a que tiene derecho a conocer la historia, se decide a contar quién era el hombre que acaba de morir. Comienza entonces un enorme flashback (dentro del cual hay otros flashbacks, alguno de ellos maravilloso) en el que Stoddard narra cómo después de que Liberty Valance (un Lee Marvin bastante desagradable y por tanto correctísimo en el papel) le atacase a su llegada al entonces pueblo de Shinbone, él intentó hallar la paz entre los hombres de gatillo fácil de la zona, entre los que está el peligroso Doniphon (un personaje al que da vida John Wayne). La historia narra el conflicto entre la ley y el orden, representado más por Stoddard (que es abogado), que por el bonachón y un tanto inepto comisario del pueblo; y los hombres de armas enfrentados, Valance y Doniphon.

A lo largo de toda la historia, cobra un papel fundamental el personaje de Edmond O’Brien (que creo que, junto con Wayne, hace la mejor interpretación de la película), Dutton Peabody, el periodista local, fundador y redactor jefe del Shinbone Star. A través de Peabody, John Ford hace una reflexión maravillosa sobre lo que suponía el periodismo incipiente en sus primeros años en el siglo XIX. En una sociedad donde todos se conocen, hasta la menor novedad es noticia, cosa que se refleja muy claramente en algunas de las frases del periodista, cuando le afirma a Stoddard que “usted lleva siendo noticia desde que llegó a la ciudad hace una semana”. Aunque teñido a veces de cierto sensacionalismo, el periodismo de Peabody busca el máximo rigor y la máxima actualidad (“no sería periodista si no conociese todo lo que comenta la gente de la ciudad”), y se escuda en los derechos de un periodismo naciente y todavía sin desarrollar, del que hacen apología durante toda la película, incluso en los peores momentos (después de una paliza de Liberty Valance, Peabody sonrié y dice “Ransom… Le hablé a ese Liberty de la libertad de prensa”). Peabody publica todo lo que considera importante, sin preocuparle las consecuencias o represalias, y cuando le advierten de que Valance le va a destrozar la redacción se encoge de hombros y responde “bueno, eso también sería noticia, ¿no?”.

Sin embargo, también se tiñe a esta figura de un cierto tópico y una ligera burla. Hay una frase bastante llamativa de Peabody, cuando le afirman que se ha impuesto una norma que todos tienen que acatar, sin excepciones, y él contesta “¿No hay excepciones, ni siquiera para la prensa? ¡Eso es llevar la democracia al extremo!”. El personaje, además de curioso y despistado, es bastante bebedor, casi el borracho del pueblo, pero a la vez una persona bastante anónima, un miembro más de la comunidad donde vive. Por último, sí que se ve de una forma clara el respeto que el periodismo de la época tiene por la vida de las personas. Es más, en una de las últimas escenas, cuando Stoddard termina de contar la historia, el director del periódico dice “esto es el oeste. Cuando un hecho se convierte en leyenda, no es bueno imprimirlo”.

En el apartado técnico, la película es una maravilla fotográfica, con una imagen en blanco y negro insuperable, y únicamente el sonido está peor tratado (en la misma copia de la película, no se elimina apenas el ruido del original). Las interpretaciones, como digo, son fabulosas en su mayor parte, y la historia está escrita de una forma espectacular. La dirección es de las mejores de John Ford, y los personajes (como ocurre casi siempre con todos los de Ford), tienen una profundidad y una humanidad sorprendentes. Desde luego, una joya del séptimo arte.

Dicho esto, probablemente sea mi película favorita de John Ford, junto con Un hombre tranquilo, que también es espectacular. Sencillamente magnífica, no sé qué más puedo decir sobre ella (así que me limitaré a no decir nada).

Allez-y, mes ami!

Buenas tardes, y buena suerte.

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LO MEJOR: en general, los personajes, y las actuaciones (con la excepción de John Wayne que, como hace siempre, no actúa: se pasea por el escenario dejando claro que él no está interpretando a Tom Doniphon, sino que Tom Doniphon está jugando a disfrazarse de John Wayne), son brutales. Y en especial, me quedo con la maravillosa escena en la que Wayne le cuenta a Stoddard algo que había pasado, y el humo de su puro difumina la escena hasta dar paso al flashback (probablemente uno de los mejores flashbacks de la historia del cine). Y con la forma en que John Wayne encaja el puñetazo que le da James Stewart en un momento de la película.

LO PEOR: me costaría mucho, pero que mucho, destacar algo malo de la película. Estoy pensando y la verdad es que no, no puedo verle ninguna falta…

VALORACIÓN: 9,75/10. Vamos, casi perfecta. Y me estoy planteando darle la matrícula.

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El hombre que mató a Liberty Valance - Trailer (en inglés)

2 comentarios:

  1. Es que lo que hacía John Wayne es que Tom Doniphon fuera John Wayne :-)

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  2. Jeje, pues eso, que no es Wayne haciendo de Doniphon, sino al revés :P Ese hombre era un auténtico genio, no sé cómo tardaron tanto en darle el Óscar (y cuando se lo dieron por "Valor de Ley" él mismo bromeaba diciendo "joder, si lo llego a saber, me pongo un parche hace 30 años" xD)

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