viernes, 26 de octubre de 2018

Cold War (2018)



-¿Te has ido de putas?
-No tengo dinero para irme de putas. He ido a ver a la mujer de mi vida.
-Vale, entonces dejame dormir.

Una canción puede sonar de forma distinta en cada momento. A veces puede enamorar, otras puede significar el hartazgo de una relación. Hay tantos matices en el arte que pueden cambiar el significado de forma radical, aunque las notas y la letra sean las mismas. Y es el arte, tanto musical como cinematográfico lo que convierte a Cold War de historia de amor melosa y propia de telenovela en una de las películas del año.

Pavel Pawlikowski es uno de los autores más en forma de los últimos tiempos. Ida, su anterior película, ya ganó el Oscar a mejor película extranjera y marcó las bases de un nuevo estilo personal que ha seguido explotando. En Cold War, Pawlikowski nos cuenta una relación de amor imposible con el marco de la Guerra Fría y que tiene un olor claro a cine clásico. 


La relación de amor entre el director y pianista Wiktor y la joven cantante Zula podría ser perfectamente un pastiche romántico sino fuera por el colmillo retorcido de la historia, por dos personajes con gran fuerza brillantemente interpretados y por el talento para contar la historia. Con ciertos toques autobiográficos basados en la relación entre los padres del director, la historia nos cuenta como dos corazones no pueden dejar de orbitar uno del otro, por muy doloroso que sea.  La misma música lo dice.  En el casting de una especie de Operación Triunfo polaco folclórico, Zula le enamora por la voz, su gracia y su carisma mientras canta una canción de desamor protagonizado por dos “corazones” que sin embargo no pueden separarse. La misma canción la veremos sonar en varios estilos como el jazz y los distintos matices irán cambiando con el tiempo, mostrándonos la transformación de la relación entre ambos.

La película siempre tiene un olor a cine clásico

Se corre el riesgo de enfatizar en exceso la importancia de la Guerra Fría y el Comunismo en la relación. Sí, se retratan varios aspectos como las hostilidades a los antiguos exiliados o la manipulación estatal en la producción musical. También nos da una ventana a la vida de los campesinos en Polonia, sobre todo tras la guerra y del sufrimiento que trae pero también de la alegría que pueden ver. Pero eso solo es el marco en el que ambos protagonistas conviven aunque marca la relación sin duda.


Pero el título realmente hace mención a cierto momento de la relación. Lo que de verdad se refleja en la película si nos dejamos de interpretaciones y paralelismos políticos es un amor pasional y visceral que les domina, pero a la vez tampoco es suficiente. En la película vemos grandes ausencias, celos, enfados, sacrificios y todo nos lleva a un final que impacta y un destino que tienen claro a donde les lleva tanto para bien como para mal. 


París, Polonia, Yugoslavia... la película no se queda quieta y el destino de los personajes tampoco

Los personajes son el alma de la película especialmente la joven Zula, brillantemente interpretada por Joanna Kulig. Ella es realmente fascinante y el espectador se puede verdaderamente enamorar de ella como hace Wictor, al que da vida Tomasz Kot. La química entre ambos es fantástica tanto en los momentos dulces como en los más distantes y duros.


Pero también resulta clave el trabajo de Pawlikowski. No solo es el autor de la historia y del guión, sino que su trabajo con la cámara marca de forma brutal la diferencia. La película nos lleva a las películas clásicas, incluso a la misma Casablanca, con ese blanco y negro y el formato de pantalla. Es una película breve de menos de 90 minutos y cuenta con elipsis largas acompañadas con una banda sonora realmente sensacional en el que vemos no solo música folclórica, sino jazz o el rock primigenio que envuelve una de las mejores escenas de la película, con Zula abandonándose a la música ante la crítica mirada de Wiktor y que parece que marca la distancia entre ellos pero a la vez como no pueden cortar el hilo.


Ni contigo, ni sin ti

Cold War es más que un simple relato de amor en el comunismo, como algunos tratan de vender. Es de algo más grande, es una relación abocada al fracaso pero de la que los personajes no pueden alejarse. No hay muro o frontera que pueda separarles y están dispuestos a todo. Eso la distingue del amor simple que podamos ver en una telenovela después de comer. Porque en Puenteviejo no se ve esa sensación de autodestrucción mutua en su forma más cruda.

2 comentarios:

  1. Será que no entiendo nada de cine pero me ha parecido un coñazo alucinante

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  2. Buena película y buen análisis, muy interesante el papel protagonista de la música al conseguir articular el guión de la película. Tal y como planteas el análisis de la película me he dado cuenta de que hay un cierto paralelismo entre la relación de los personajes y mi relación con el cine. Saluditos desde www.aluCINEando.com y ojalá que te prodigues con más entradas en tu interesante blog.

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