viernes, 9 de marzo de 2018

La Forma del Agua (2017)


Cuando pienso en ella la única cosa que me viene a la mente es un poema, susurrado por alguien enamorado, hace cientos de años: “incapaz de percibir tu forma,/ te encontré rodeándome./ Tu presencia llena mis ojos con tu amor,/ hace humilde mi corazón/ porque tú estás en todas partes.”

Ya se han celebrado los Oscars y aunque en este blog tenemos la costumbre de hacer un análisis previo, desgraciadamente unos problemas informáticos lo han impedido. Sin embargo, ya que estamos ¿por qué no un repaso a posteriori de las películas premiadas y nominadas, sabiendo ya el veredicto de la Academia? ¿Y por qué no empezar con la gran triunfadora, La Forma del Agua?

Guillermo del Toro es uno de esos referentes artísticos del séptimo arte que siempre ha atraído la atención tanto de crítica como de público pero que no ha tenido mucha suerte en sus proyectos. No pudo dirigir la adaptación de El Hobbit, tampoco ha podido rodar la ansiada tercera parte de Hellboy y ni todo su empeño ha sido suficiente para fructificar su proyecto de rodar En las Montañas de la Locura de Lovecraft. Toda esta fama de gafe termina este año en el que el director mejicano ha conseguido la doble corona de Oscar a Mejor Película y Oscar a Mejor Director en una edición disputadísima.

La historia es en sí sencillísima, el típico cuento de amor entre la bella y bestia. Pero la bestia tiene más de humano que algunos de nosotros (incluyendo un aparato reproductor como la película decide remarcar) y la bella (en realidad tampoco lo es siguiendo los cánones) es una muda que trabaja como limpiadora en un laboratorio del gobierno estadounidense en plena Guerra Fría con espías comunistas acechando en la sombra. 

Amor a primera vista
 

La película es un canto al amor puro que no puede ser detenido. No busca matices o reflexiones complejas, sino la serena belleza del sentimiento y su fuerza imparable. El amor, que como el agua, puede amoldarse a todo, adaptarse a cualquier superficie y llenar los huecos que existen. Un amor que no entiende de diferencias entre los sujetos - ni siquiera entre especies – que no deja de ser un mensaje de actualidad en estos tiempos.

Con esa premisa cualquiera rodaría una ñoñez infumable, no así Del Toro que filma una película que rezuma belleza por todos los poros, a pesar de utilizar muchos colores fríos en su paleta. No rehuye a la oscuridad, usando como escenarios pisos con cierto toque decadente, un muelle o un laboratorio secreto para criaturas anfibias. Tampoco se esconde la violencia, ni la que se ve de la criatura como la de los humanos. El cuento de hadas se extiende porque Del Toro le da la suficiente solemnidad, conflicto y también encanto para trascender y no ser una película más. Hay un gran trabajo de diseño de producción, en la banda sonora (ganadora del Oscar en ambas categorías) y también en recrear a la criatura a la que da vida Doug Jones.

Es una película que va más allá del guión, sino que se apoya en una dirección soberbia y preciosista de Del Toro y las actuaciones de sus protagonistas. Sally Hawkins hace una actuación excelente llena de expresividad e increíblemente comunicativa a pesar de sus limitaciones al no poder emitir apenas sonidos. Recibió una nominación al Oscar muy merecida. La escolta en las nominaciones su compañero de aventuras, el pintor homosexual interpretado por Richard Jenkins que cree vivir tanto antes como después de cuando debería, como muchos cuando no nos sentimos comprendidos. Por su parte, Octavia Spencer (también nominada) pone un toque cómico a su personaje. Ambos personajes nos muestran, a pesar de su apariencia afable, un visión más negativa del amor, tanto el rechazo y desprecio por su homosexualidad o el amor que ha caído en la rutina. Incluso el científico que encarna Michael Stuhlbarg representa el amor por lo que hace (en este caso la ciencia).

¿Dónde esta mi nominación? ¿DÓNDE?

Capítulo aparte se merece el olvidado en las nominaciones Michael Shannon -que estuvo viendo los Oscar like a boss - encarnando al villano, un encargado de la seguridad que no duda en torturar al monstruo y realizar cualquier acción para mantenerlo encerrado o hacer una referencia a Torrente (Del Toro y Santiago Segura son amigos y no creo que esa manía al lavarse las manos sea coincidencia). Otra de las grandes cualidades de la película es el inteligente uso de la subtrama de la Guerra Fría, que enriquece a la película, la da ritmo y tensión pero no llega a opacar lo más importante.

Cierto, el guión es maniqueo y no hay matices. Michael Shannon es malo, los espías soviéticos tampoco son trigo limpio, el marido de Octavia Spencer o el camarero son seres que la propia película desprecia sin disimulo. Pero la magia del cine es que no siempre se busque la realidad, sino simplemente la emoción que suscita esta totalmente irreal y fantasiosa historia. Porque no es solo es impactante visualmente, sino que consigue conmovernos como ejemplo las que creo que son las dos mejores escenas de toda la película. Primero, la escena en la que se inunda el baño. La otra, la escena en la que la muda trata de decir a la criatura cuanto le quiere.

Ante todo, Del Toro prioriza el arte desde la pintura hasta el metacine que contiene la película


La Forma del Agua es una película preciosa en el sentido más preciso de la palabra pero que su sencillez (por lo menos en su apariencia) puede volverse en su contra. Estamos ante una revisión tanto del amor como del arte de narrar cuentos dirigida por uno de los más imaginativos maestros del cine como es Guillermo del Toro, del que ya no se puede decir que es un gafe. Y a ver si termina con conseguir hacer algo con Kojima, hombre ya.

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¿Tengo que ver esto?: Sí

¿Cuál es el mejor momento?: El momento en el que se inunda el baño

¿Dónde debería ver esto?: En la bañera.

Me ha gustado, ¿dónde hay más?: Lo más fácil sería decir La Bella y la Bestia, pero hay grandes diferencias en el tratamiento de la historia. Por supuesto, podemos recomendar otras grandes películas de Del Toro como El Laberinto del Fauno. Eso si, advertimos que poco tiene que ver con Pacific Rim.

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