“¡Soy un malo, y eso es bueno! ¡Jamás seré bueno, y eso no
es malo! Y no me cambiaría por nadie...”
Ocurre
de vez en cuando que veo una película y pienso “¡dioses, esto mola!”. La veo
una segunda vez y pienso “¡joder! Mola más de lo que pensaba”. Y luego imagino que
todo el mundo estará hablando de esa película o, si tiene ya algún tiempo (si
no es un estreno, vaya, que con que pasen un par de años me basta), pues se
convierte en un referente y la gente la menta. Y entonces me encuentro con que
no.
Eso es
lo que me ocurre con ¡Rompe, Ralph!,
y me sorprende bastante. No solo porque todas las nominadas a los Oscar de
animación en los últimos años son películas que han dado mucho que hablar
(empezando por El viento se levanta, Frozen, Érnest & Celestine, Gru 2,
o incluso Los Croods en los últimos; Frankenweenie, ParaNorman y Brave el año pasado; y Rango, Kung-Fu Panda 2, Chico &
Rita o El gato con botas el
anterior), para bien o para mal. De todas ellas, sin embargo, ¡Rompe Ralph! es de la que menos he oído
críticas. Buenas o malas.
